Desde Toronto llegan Trust, un dúo con cierta afición a los gloryholes, al vinilo, a los crucifijos y al dark wave. Si eres de los que veneras el black power y te sientes darks, no dudes en confiar en ellos… “In goth we Trust”.
La primera vez que vi la portada de “TRST” (Arts&Crafts, 2011) pensé que era una broma, que alguien había robado por algún Tumblr la foto más chunga que había encontrado y la había plantado ahí para que circulara con el disco como castigo por descargarlo. Un segundo vistazo me llevó a pensar que Antony Hegarty había decidido abandonar el piano y su neosoul de penitente romántico y por fin se había dado al leather (no es una idea tan descabellada, teniendo en cuenta lo mucho que le gusta pasearse por proyectos electrónicos y alejados a lo que hace con sus Johnsons). Pero no, ni era una broma ni Antony había hecho su disco siniestro. Trust son un proyecto muy real, bastante serio y que, de momento, no necesita colaboraciones con Antony -aunque alguna en el futuro podría ser un buen bombazo-.
El señor que posa en la portada como si le estuvieran metiendo un palo por el culo y le hubieran plantado la peluca más horrible ever no tiene nada que ver con Trust… Al menos, que se sepa. Sus responsables son Robert Alfons y Maya Postepsky. La segunda es más conocida que el primero porque es la batería de Austra, el trío lésbico de neoelectrodark encabezado por Katie Stelmanis que el año pasado dejó a todo el mundo con la boca abierta y el corazón encogido con sus temazos de ópera siniestra. Habría que preguntarse qué pasa en Toronto (ciudad natal de unas y otro) para que tanto grupo siniestrongo homenaje al synth de los 80 florezca entre sus calles. De cualquier forma, el frío canadiense parece ser un buen caldo de cultivo para este movimiento que, desde hace unos años, recupera los sonidos más sombríos de los 80. Pero si Austra lo hace con voluntad de recrear un cabaret sombrío o un aquelarre con bases electrónicas, Trust lo hace por la vía de la celebración de la erotomanía y la fiesta, por más que cueste asociar estos dos términos al mundo gótico.

Su carta de presentación fueron “Candy Walls” y “Bulbform”, dos temazos que editaron como singles en Sacred Bones en 2009. Ambas supuraban polvo como de haber estado abandonadas en la maleta de algún dj estrella con el pelo cardado de finales de los 80. Sus arreglos oscuros, su reverb atmosférica y, sobre todo, la voz de Robert Alfons, que parece la de un ángel caído, podrían perfectamente hacer pensar en una cara B de A Flock of Seagulls o Gary Numan, pero como si les hubieran echado éxtasis en la bebida. Con ellas lograron armar bastante revuelo en la blogosfera, siempre ansiosa de nueva carne; que, para el caso, habían conseguido un buen trozo de ternera sangrante… Pero lo gordo todavía estaba por venir.
Ficharon para Arts & Crafts, casa de gente tan alegre y dada al pop brillante como The Shins, Feist y Los Campesinos! en un movimiento tan raro como pudo ser el fichaje de Mayer Hawthorne para Stones Throw; y es que es imposible no preguntarse qué hacen unos chicos como ellos en un sello como este. La discográfica quedaría hechizada por sus hits de gothic-queerpop y su épica oscura e hipnotizante. Y así fue como empezó a circular “Gloryhole”, oda a los agujeros en los lavabos para pajas y mamadas clandestinas y rápidas. Además, es un viaje de cinco minutos por habitaciones oscuras que recuerda de igual forma a Dead or Alive, Covenant y Assemblage 23 y que serpentea como una cobra por unas bases hipnóticas mientras la voz de Alfons se erige como ídolo de masas y cuartos oscuros, explotando como una buena corrida, rápida e indolora. Futurepop, dark wave y mucho sexo repartido en cinco minutos extremos que ya servirían para valerles el título de grupazo del 2012.
Pero es que “TRST” no es sólo sal gorda para el sábado por la noche (aunque “Dressed for Space” también opta al premio de hit sudoroso y épico para bailar con el vinilo cuajado sobre la piel a consecuencia del sudor). Por las once canciones del disco, los homenajes al synth ochentoso y a los nombres que lucían su herencia a finales del siglo pasado se reparten con habilidad y maestría y las referencias se derraman como el popper: The Electric Hellfire Club, Apoptygma Berzerk, Wumpscut, Suicide Commando, Athamay… Todos nombres que los que dimos con nuestros huesos en discotecas siniestrongas hace años hoy veneramos por los grandes momentos que nos habían dado y que ahora parecían desterrados en el olvido. Trust recuperan con descaro la esencia del género y le aportan un brillo nuevo para adaptarlo a los nuevos tiempos, ya sea mediante la densidad opresiva de “This Ready Flesh”, los samples malditos de niña exorcizada de “FTF” o el preciosismo espacial de esa “Sulk” con la que cierran de forma increíblemente brillante el álbum.
Con dos años de vida y once canciones, Trust ya pueden presumir de ser mucho más que un hype o una promesa. La increíble hornada de grupos siniestros que ha invadido las tendencias musicales en los últimos meses dejan ver que algo está pasando entre una juventud que prefiere el vinilo y los crucifijos al flúor y las pasadísimas camisetas raveras. Todavía es pronto para decir cuán pasajera es esa moda, pero de lo que no cabe duda es que “TRST” va más allá de una simple tendencia o un capricho, por más que ellos desde sus propias canciones aboguen por lo efímero y el sexo rápido. No son polvo de una noche ni una simple paja en un gloryhole… Aunque les pese. Estela Cebrián. Más info: ttrustt.com



1plus1happy
2012-05-14T08:11:38+00:000000003831201205
Me encanta el video…