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Kindness

El pop electrónico tiene un nuevo Mesías. Uno que lleva greñas, mirada de lechal y un oso colgado al cuello a modo de crucifijo. Uno que predica la orgía estilística, la espontaneidad, la honestidad y el giro social hacia la bondad. Uno que no se sonroja a la hora de recurrir a saxos ochenteros ni al versionar a Anita Dobson, que disfruta viendo bailar al personal a ritmo de funky y disco pero que puede derretirlo con una mirada, un susurro o algo parecido al r’n’b. El Mesías que todos estábamos esperando, al fin y al cabo. Su nombre es Adam Bainbridge y, pese a no tener Facebook, existe más y mejor que la mayoría de nosotros.


Su carrera musical empezó con un “Live in Philly” que de directo tenía poco, y ahora se nos planta con un “World, You Need a Change of Mind” (Moshi Moshi / Music as Usual, 2012) que está volviendo absolutamente loco al personal. Pocos artistas consiguen desempolvar los estilos que desempolva Bainbridge sin contaminarlos. Y es que la mayor hazaña de este jovenzuelo consiste en haber creado un sonido propio a partir de sonoridades puras, sin adulterar. House, r’n’b, pop, new wave, soul, funky y disco son los ingredientes de este cóctel agitado manualmente con cariño y paciencia. Nada de exprimidoras ni minipimers, y de ahí los tropezones: igual te encuentras un tema purito r’n’b que otro funkero de arriba a abajo. Todo ello desemboca en un disco ecléctico y con un sonido personal pero, a la vez, lo suficientemente familiar como para que puedas bailarlo y gozarlo al máximo desde el minuto cero. Adam pasa del chill wave y de los hypes, abusa del fade out y los arreglos cheesy, presume de padre dj, detesta a Green Day y homenajea a Eddie Kendricks en el título del trabajo que lo va a lanzar definitivamente al estrellato indie. Lo sabe y, sin embargo, mientras pueda controlar su entorno, ni se inmuta. Lo suyo es hacer canciones, no estar leyendo amenazas de muerte o cartas de stalkers en Internet. Vida tranquila y música, nada de montañas rusas emocionales ni profesionales.
Y la colección de temazos que ha parido es de número redondo: diez. No sobra ni uno. Nada de esa moda tan extendida últimamente de hacer álbumes de dieciséis canciones donde diecisiete son paja o de hacer EPs que te dejan con los dientes tan largos que vas arando el camino. “World, You Need a Change of Mind” no tiene diez temas: tiene diez temazos en los que elementos tan horribles a priori como el negraco que te susurra con su voz gutural que “the beat is back” en “That’s Alright” acaban encajando a la perfección y resultando incluso imprescindibles. Un balance perfecto entre personalidad y respeto por las tradiciones sónicas, entre lo cheesy y lo classy, entre ingenuidad y carácter. Bainbridge is here to stay y, además, lo vimos en vivo y en directo en el último San Miguel Primavera Sound. Para cogerse las bragas con pinzas, vamos.

 

Buscando información para preparar esta entrevista, me di cuenta de que no tienes perfil en ninguna red social (MySpace no cuenta). Hoy en día, los artistas utilizan estos medios para llegar a un mayor público y, sin embargo, tú has preferido no hacerlo… ¿Por qué? Supongo que es porque no tengo nada más que añadir. No quiero comunicar más de lo que lo hago con la música y los cuatro datos que hay sobre mí. Es que, por ejemplo, con Twitter tomas inevitablemente el peligroso camino de descubrir mucho de la gente y, a la vez, revelar mucho de ti a los demás. Todo eso crea una impresión extraña de tu lugar en el mundo, porque es que, además, sólo te llegan las impresiones extremas: o muy buenas o muy malas. Yo paso de subirme a esa montaña rusa. No me parece sano leer un tweet en el que me pidan matrimonio y a los dos segundos otro en el que me deseen una muertedolorosa. (Risas)
Ya que te tengo aquí y no abunda mucho la información por ahí, háblanos un poco de ti… ¿Qué te atrajo del mundo de la música? Cuando tenía veinte años, mi padre pinchaba en un pueblecito costero de España llamado Tamariu, así que tenía un montón de discos y me los ponía. Cada vez que escuchaba uno de sus vinilos, me daba la impresión de que tenía que ser maravilloso hacer bailar a la gente. Por desgracia, más tarde perdimos todos los discos de mi padre, pero no los de mi madre. Eso sí, ella era radicalmente diferente: más de jazz y música instrumental, así que también escuché mucho jazz sudafricano y discos tradicionales indios. Mientras mi padre me enseñaba qué hacía a la gente bailar, mi madre me mostraba qué se escuchaba en otras partes del mundo.
¡Así no me extraña que te haya salido un debut tan ecléctico! Tiene ritmos disco, influencias funky, mucho pop ochentero, dejes r’n’b e incluso algo de house… Bueno, al fin y al cabo, mezclando todo eso lo que consigo no es ni más ni menos que un álbum de pop. Al menos así es como me gusta describirlo, porque es de la manera en que lo puede entender todo el mundo, desde un crítico hasta un taxista o un recepcionista. Además, el pop es lo que mejor describe no sólo lo que hago, sino también lo que me inspira: la simplicidad y las grandes canciones.
Así que de chill wave, nada de nada. Después de tanto que se te ha intentado encajar por activa y por pasiva en el género… Ya, es muy curioso. Mira, yo no creo que tenga más que ver con la gente que hace chill wave que con todos los artistas que hacen música en general. Es que, además, los géneros ya no existen. Hace unos años me di cuenta de que intentar acotar o entender cada nuevo nombre de estilo musical iba a ser una pérdida de tiempo. Surgen miles y miles de denominaciones y suelen ser todas demasiado vagas o demasiado restrictivas.
¿Hay algún artista que te haya influido particularmente en la composición de “World, You Need a Change of Mind”? Así, en concreto, no. Cada artista que he escuchado alguna vez ha influido en la manera en que pienso sobre la música, tanto los que me han gustado o incluso me han cambiado la vida como otros que no me han gustado nada, como por ejemplo Green Day. De hecho, a veces te influyen más las cosas que no te gustan que las que te gustan, porque te sirven para ordenar tus pensamientos y tener claro lo que no quieres hacer: así es más fácil saber qué quieres hacer.
Por lo que he leído por ahí, la composición del disco fue algo bastante espontáneo… Sí, es algo que simplemente sucedió. Un día te levantas y estás haciendo un disco. (Risas) Llevo un tiempo haciendo música, así que supongo que seguí en ello hasta que un día me vi en París, en el estudio Motorbass, grabando un disco. Es una química especial, y eso no se puede crear… Ha de suceder solo.
De hecho, podría haber sucedido hace tres años, que es cuando tenías acabado el grueso de los temas del álbum… Exacto. De hecho, el disco ya estaba acabado el año pasado. Y antes de eso me dediqué a pensar, a trabajar, a disfrutar de la vida, a no tomármelo demasiado en serio. No quería sentirme obligado a hacer nada que no quisiera hacer. No quería entrar en el juego de los hypes y luego desaparecer. Quería estar fuera de todo eso y no tener que cumplir las expectativas de nadie. Supongo que hay gente a la que le gusta dar ruedas de prensa y exclusivas, explicar sus motivaciones y demás… Pero a mí no. Yo sólo intento hacer música lo mejor que sé.
Y ahora que ya ha sido publicado, ¿qué opinas? ¿Qué esperas conseguir con el disco? Es un poco lo que hablábamos antes de Internet. A veces me sorprende lo positiva y generosa que es la gente y cómo puede llegar a captarte; pero otras veces también hay reacciones muy negativas que me hacen sentir como si tuviera que alegar algo en defensa del álbum. En ocasiones, la gente intenta buscarle puntos que no existen: no es nostálgico, no es irónico, no es nada de eso. Disfrútalo por lo que es y no te dejes influenciar por lo que podría ser. Por eso espero que el disco sea una sorpresa para la gente, que sea impredecible.
Lo que comentabas de disfrutarlo así, totalmente libre de prejuicios, casa muy bien con la imagen de la portada. Tu foto parece que diga: “Éste soy yo, así soy y lo que estás a punto de escuchar es todo lo que creo sobre la vida y el mundo”. (Risas) Sí, sí, así es. Hasta el lanzamiento del álbum no había revelado prácticamente nada sobre mí, así que me pareció lo correcto aparecer en la portada, estar presente. Es una manera de tomar responsabilidad completa por el contenido de la caja que están a punto de abrir: te puede gustar o disgustar, pero este soy yo y esto es lo que hago.
¿Y qué hay del título del disco, “World, You Need a Change of Mind”? ¿En qué crees que tiene que cambiar de opinión el mundo? Bufff… En tantas cosas… Algunas veces debería cambiar la forma que tenemos de tratar a otras personas o el sentido de obligación que tenemos con cosas que no lo merecen. Deberían desaparecer el engaño, el paro. Debería cambiar la política, la vida… Hay tantas cosas que están mal en la manera en que vivimos y que deberíamos replantearnos.
Vaya, nos hemos puesto muy serios… (Risas) Sí, porque en realidad el título es más que nada un juego de palabras con la canción de Eddie Kendricks, “Girl, You Need a Change of Mind”, que me encanta.
Para acabar, en nada y menos te veremos actuando en el festival San Miguel Primavera Sound. ¿Cómo piensas transportar el disco al formato directo? Más o menos, los conciertos que voy haciendo son iguales en todas partes. Cuando acabé el disco y se lo presenté al presidente de mi discográfica, le gustó; pero pretendía que me fuera a presentarlo en directo yo sólo con mi portátil, un micrófono y ya está. Es más barato y más sencillo de gestionar. Yo me negué: quería una banda completa de directo. Más que nada, porque no creo que sea interesante verme subido a un escenario cantando y con los sonidos saliendo de un cacharro sin más. Así que me obstiné y, al final, hago mi gira acompañado de una banda de verdad, que además son grandes músicos. La puesta en escena aún no la tengo muy clara pero, bueno, eso es lo básico. Lo que tengo muy claro es que querré ser tan ambicioso en el directo como lo he sido en el estudio.
Texto: Virginia Arroyo

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1 comentario para esta noticiaComéntala tu tambien
  1. Virginia Arroyo felicitaciones por tan buena entrevista (de terror para mi).

    Cuando llego a mis manos el disco de Kidness lo escuche y de pronto se metió en mi cabeza de manera natural con un sonido entre ochentero “Brit” y un pop norteamericano R&B.

    El disco es como cuando casi se conoce a una persona (que uno nunca ternina de conocer a la gente).

    SEOD es el tema que mejor podriá abrir el disco con un sonido entre misterio electronico con saxofón al estilo Depeche Mode de los 80´s con atrevimiento inpiracional y un contundente final.

    Swingin’ Party un tema divertido sin mayores pretensiones (y eso gusta mucho).

    Anyone Can Fall In Love una versión propia de Kidness que aunque uno no quiera invita a tararearla.

    Gee Wiz suena tan funky que hasta se imagina “sampleado” por Lewis y Jam para Janet Jackson.

    Gee Up “De lo bueno poco” (que gran verdad).

    House es un temazo sólido con buenos bits.

    That’s Alright excelente sonido, parece que hasta hubiese sido grabado en NYC, la atmosfera que crea es única.

    Cyan otro gran temazo que tiene inclinaciones a la nostalgia que alguna vez evocó Bjork en sus 1eras placas.

    Bombastic is fantastic.

    Doigsong un buen cierre de disco, es más se peden hacer buenas remezclas de este disco.

    BONUS Gabriel un tema anterior que bien podría reubicarse en tan buena grabación.

    Y para no “alargar” la “lata” el disco y Kindness es de terror para mí porque el músico es muy (demasiado) parecido a mí fisicamente (con greña incluida) y ese “topic” de cuidar en lo que se pueda la privacidad.

    Nuevamente felicitaciones, entrevista cool con un biuen músico (clonado ja ja ja).

    Wuille.

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